jueves, 8 de marzo de 2012

Yo mujeranga



El mundo, como estructura social, está organizado considerando que se nos debe pagar el 30% menos que a un hombre por la misma labor realizada, que nos prohíban el aborto y declaren que nuestros úteros pertenecen a la sociedad no a nosotras, que nos "permitan" trabajar pero sin garantizar legalmente la protección a las madres trabajadoras -que en muchos casos deben cargar con sus hijos en inseguras vías de transporte y en condiciones climáticas difíciles-, que nos cuestionen cuando ejercemos nuestro derecho al placer, que nos motejen cuando somos madres solteras, que nos ridiculizen si nos equivocamos en un espacio público y un largo etcétera que no me cabe en este espacio, pero que vivo en cada detalle cotidiano de mi vida de mujeranga.   
No hablo de los malditos hombres que nos hacen esto, sino de un sistema globalizado de creencias y dogmas que nos posiciona como sujetos subalternos. Un sistema que se mantiene en la práctica y decisión de muchos hombres y mujeres que cada día subrayan esta inequidad, y que para no morir del todo ha aceptado algunas modificaciones cosméticas que nunca -repito nunca- resuelven el problema de fondo.
Mi trinchera es el amor. Por amor estoy aprendiendo a vivir en complementariedad con todo mi entorno, asumiendo que soy parte de un todo mayor, complejo y nutritivo, que prodiga generosamente lo que necesito para vivir.
Amo profundamente a un hombre que acepta estar en un proceso de crecimiento y con el que hemos construido la relación que queremos, muy alejada de las consideraciones o sanciones sociales, muy conectada con los procesos y momentos de una historia común que ya tiene diez y ocho años de trayectoria. Una historia compartida en las celebraciones y conflictos, en la complejidad de seguir entendiendo que no somos una sola vida vivida, sino dos vidas que construyen un camino en el que avanzar y crecer, con la oportunidad de seguir teniendo vuelos y búsquedas propias, apoyadas y respetadas por el otr@. Años de vida común que también se van haciendo en los bordes y límites, en la práctica activa de la tolerancia y el cuidado mutuos.
Amo también a las mujeres que me rodean, las reconozco como mis hermanas, las acompaño y apoyo en sus devaneos y búsquedas, celebro sus concreciones y felicidades. No repito la sanción social que cae sobre ellas –sobre mí también- ni las condeno. Estoy aprendiendo a discrepar con ellas, sin utilizar argumentos que la sociedad patriarcal ha institucionalizado como verdades dogmáticas… Y las encuentro hermosas sin compararlas con la imagen que la publicidad nos ha construido para la belleza femenina.
¡Soy mujer, hombre y naturaleza! No me interesa dar con el modelo de rol asignado a mi vagina ni le permito a nadie decirme hasta cuando debo jadear. Mi cuerpo y sensibilidad están unidos a la energía profunda de la Tierra y el Universo.
Me reconozco un eslabón de una cadena cósmicamente antigua, trenzada de intentos y seres soñando/haciendo. Yo misma ensayo empeños en este tejido colectivo que está hecho de mujeres y hombres maravillosos. Una nueva sociedad nos convoca a hacer una transformación profunda sobre la valoración personal y sobre aquella que hacemos de los otros, pero sobre todo nos llama a accionar de una manera transformadora, en la que esta inequidad histórica -entre otras-  deje de existir para siempre.
Un abrazo lleno de amor y placer para tod@s aquellos que mueven y promueven el cambio por una sociedad distinta, una nueva sociedad.
¡Salud!

No hay comentarios: