domingo, 3 de marzo de 2013
lunes, 3 de diciembre de 2012
Mi cumpleaños...
Hoy es mi cumpleaños,
el día del año que espero con más ganas, el que me pone más contenta y el día
en que hago el recuento de lo aprendido el año que pasó.
Mis cuarenta años
fueron increíbles, pero no porque la vida haya avanzado sin problemas ni
contratiempos, sino porque aquellas dificultades me mostraron también otras
cuestiones en mí, en los demás y en la lectura que hice de las situaciones.
Esta cuestión es muy importante para mí, porque me descubrí en la capacidad de
aceptar y tolerar demasiado desamor e indiferencia, solo porque no puse término
a las situaciones; por no cerrarlas y creer, muy inconscientemente, que ya las
había superado. Darme cuenta de esto no me hizo sentir orgullosa de mí, pero me
dejó conmigo, en mí, habitándome sin peros.
Y así, mirar de
frente a la manipulación y empezar a decirle no, fue un ejercicio bien al
límite, pero ha sido muy liberador. Ahora estoy en rodaje, aprendiendo a no
sobre reaccionar ni a sentirme obliga a resolver situaciones de otros. Es
difícil para mí, que siempre he tenido corazón de súper heroína, pero de seguir
así, creo que habría terminado más loca de lo que ya estoy.
En este proceso de
mirar y enterarme de qué va la vida, me dolieron algunas constataciones: el
amor es acción, presencia, cuidado y libertad. Y, aunque sea duro o remecedor,
es necesario separarse de lo que uno imagina que es lo que vive para observar
lo que en realidad estamos experimentando. Algo así como conectarse en serio, y
en buena, con este aquí y ahora en el que construimos la vida que queremos. Yo
estuve un poco disociada respecto de dos aspectos de mi vida y este año comencé
a retomar mi rumbo, reencontrarme en estas bifurcaciones que tomé en la vida y
recuperarme de ellas. Por eso este año me despedí de personas, deseándoles que
su vida sea provechosa y que tengan la posibilidad de hacer los aprendizajes
que les hagan falta para vivir felices. Por eso también abrí de nuevo el
corazón para dejar entrar a nuev@s amig@s.
Y, por supuesto, como
siempre la vida ha sido tan generosa conmigo, así como implacable cuando quiere
que aprenda algo, este año cuarenta me ha dejado fulminada de amores y
encuentros bellos. Encuentros con personas como Carmen, Ana María, Eduardo,
Sergio, Claudio, Leonardo, Pablo, Rose, Leonor, Sebastián, Colomba, Juliana,
Laurianne, Félix…; el reencuentro con otras Paloma, Manuela, Skarpisso, Cora,
Constanza, Verónica, han sido tremendos regalos. Cada un@ me ha compartido
algún sentido más amplio, una mirada distintas sobre el mundo, claridad y seguridad.
Tod@s me han contado un secreto profundo que me hace sentido y se han quedado
en mí habitándome con sus gestos, palabras y saberes.
Una especial mención
se la debo a mi maravilloso cuerpecito, que a pesar de que lo olvido
recurrentemente, él sigue sosteniendo a todos los planos que soy, unificándome
y permitiéndome disfrutar de este viaje llamado Elisa. Cuando tuve el accidente
en la bicicleta, específicamente mientras caía varios metros más allá del
impacto, mi cuerpecito atento y generoso fue girando de a poquito y mis
vértebras de separaron levemente permitiendo que el golpe sobre el pavimento no
las fracturara… Así mismo, mi propio cuerpo se salvó de una lesión mayor y
grave, para que solo sufriera un esguince cervical con buen pronóstico y buen tratamiento.
Esta capacidad de ser otro, de modificarse, de ser flexible en medio de la
adversidad, en la trayectoria que describe un impacto que te desestabiliza,
esta capacidad de mi bello cuerpo nunca la había visto con tanta claridad.
Entonces, es mi propio cuerpo el que me ha dado un lección importante: no
importando las circunstancias difíciles que encuentres, siempre hay un movimiento
que puedes hacer para no destruirte… y no hablo solo de salvar la vida, hablo
de HONRARLA.
Ahorita estoy bien y
tengo planes. Me debo un viaje –sí, otro- largo y de reflexión; y además, un viaje
que vengo postergando hace cinco años… así es que lo enuncio para que suceda:
mis cuarenta y uno serán el espacio de otro periplo por un territorio que es un
crisol de culturas. Les prometo que les mandaré fotos en cuanto se concrete.
Este año decidí
perdonar a los que me faltaron y ofendieron… y también perdonarme las faltas y
sinsentidos. Quiero dejar de compartir mi vida con quienes me hacen daño, pero
no quiero cargarlos para siempre dentro de mí deseándoles mal. Los despido con serenidad
y para siempre.
A los que se quedan
en mí, sepan que tienen a vuestra disposición lo nuevos planetas y sentidos que
he ido atesorando para que los
compartamos todas las veces que quieran, las que sean necesarias, las que
declaremos imprescindibles.
Un año cargado de
vida a borbotones, conmigo en el centro de esta vida:
Esta es mi vida en
serio, no es un ensayo para luego hacerlo bien… cada decisión que tomo es la
versión definitiva, puesto que esta es la única que conoceré como Elisa, y no
acepto nada menos que vivir como quiero.
No hay un día en que
no extrañe a mi padre, José, y a mi bello hermanito, Marco, y este cumpleaños
no es la excepción. Sepan que los he querido todos los días de mis cuarenta y que
los he traído conmigo en todos los momentos y que siempre será así.
Y como es costumbre
en mí, para celebrar necesito agradecer:
A mis errores y
equivocaciones, por enseñarme sin concesiones.
A mis nuev@s amigos y
amores.
A mis antiguos amigos
y amores.
A mi creatividad y
alegría.
A mi serenidad en los
malos momentos.
A mi empatía.
A la compañía.
A los buenos y malos
momentos.
Al perdón que libera.
A mis compañer@s de
este viaje.
Muchas gracias!
Todo mi amor.
Elisa
martes, 27 de marzo de 2012
Por Daniel
Hoy la tristeza y el
dolor se me han apozado en los ojos y están diluviando sin contención. Daniel
Zamudio falleció a las 19:45 de hoy martes 27 de marzo de 2012, porque su
cuerpo y energía vital no pudieron superar el daño de la brutal golpiza que
recibió. Otros jóvenes lo golpearon por cerca de seis horas y luego lo dejaron
abandonado a su suerte.
Y otra vez se me aparece
el país de mi infancia: centros de detención clandestinos, persecuciones y
abusos contra los que sentían, pensaban y soñaban distinto. Tod@s éramos
enemig@s del control y el modo de vida que implantaron en nuestra sociedad. Tengo
una imagen de mis siete y ocho años, marcada a fuego: un hombre es arrastrado
inconsciente de un lado de la calle al otro por dos sujetos vestidos con terno
y prominentes lentes oscuros. Dos niñas que regresaban a su casa del colegio se
quedaron atónitas frente a la escena, hasta que uno de los guardias las
amenazó. Una de esas niñas era yo.
En este territorio,
como en todo el planeta, se mantiene y aviva el odio contra las expresiones
humanas que no sean la uniformidad de un sistema que gobierna. En este punto no
han sido diferentes ninguno de los modelos ideológicos que han gobernado en el
planeta. La homosexualidad ha sido perseguida persistentemente, cobardemente,
odiosamente e impunemente. Muchas son las personas que diciéndose progresistas
o de mentalidad abierta, insisten en que “pueden existir, pero dentro de sus
casas, sin que nadie los vea”, como si tuviéramos derechos a opinar sobre un
tema tan personal como la sexualidad.
Muchas veces en la vida
me he enfrentado a la intolerancia y a la persecución. Alguna vez un golpe de
puño me cruzó la cara hasta desestabilizarme, pero mi inmenso amor propio y mi
rabia impidieron que cayera al suelo.
Hoy recuerdo esas –y muchas
otras- escenas de mi vida y del registro histórico de este territorio que han
dado en llamar Chile, y me aterra sentir y ver que algunos quistes de
intolerancia crecen y se expanden sin resistencia en jóvenes algunos corazones.
¿Qué será aquello que
nos impide ser felices y celebrar la felicidad de los otr@s?
¿Por qué nos cuesta
tanto aprender de los errores en nuestra larga y accidentada historia humana?
¿Por qué heredamos
nuestras trancas y miopías a los hijos e hijas que parimos con amor?
¿Por qué la diferencia,
despierta tanto miedo y rechazo en algunos?
Yo, que siempre hermano
mi corazón con los bordes, que escuchaba hablar a los insectos dentro de la
pachamamita, que siempre quise volar con alas y no pude, que besé apasionadamente
a una hermosa amiga para darme cuenta que no podría amarla como ella quería y
se merecía, que he aprendido a pedir disculpas por mis equivocaciones, que he
defendido mis convicciones hasta límites que no imaginé nunca; siempre he
actuado movida por amor y mi corazón se estruja cuando la realidad de muestra
que todavía nos queda mucho por hacer.
… Y la verdad es que
estos pajaritos con el alita rota, como decía Pedro Lemebel en una de sus antiguas
crónicas, seguirán naciendo entre los pobres, entre los muertos de hambre, en
medio de la opulencia, entre los capitalistas, entre los proletarios, entre los
subversivos, entre los ecologistas, los deportistas, los holistas y los
lineales… Seguirán naciendo y siendo lo que son, sin respeto al status quo que
dicta otra norma de comportamiento social, sin poder decidir sobre lo que son
desde siempre… nacerán para dar cuenta de la regularidad de que todas las
especies tienen un porcentaje de individuos que definen una sexualidad distinta
al resto. Nacerán para decirnos que siguen siendo aunque los neguemos o
queramos desaparecerlos.
Tengo pena y rabia por lo que pasó, por no hacer colectivamente
lo suficiente para cambiar este mundo por otro más armónico y generoso… Seguiré
poniendo mi amor en este empeño, empujaré para que vivamos de otra manera, porque
me parece que nadie debe morir por su diferencia.
Daniel sopló su vela
esta tarde y se apagó este día.
¡Todo mi amor!
jueves, 8 de marzo de 2012
Yo mujeranga
El mundo, como
estructura social, está organizado considerando que se nos debe pagar el 30%
menos que a un hombre por la misma labor realizada, que nos prohíban el aborto y
declaren que nuestros úteros pertenecen a la sociedad no a nosotras, que nos
"permitan" trabajar pero sin garantizar legalmente la protección a las
madres trabajadoras -que en muchos casos deben cargar con sus hijos en
inseguras vías de transporte y en condiciones climáticas difíciles-, que nos
cuestionen cuando ejercemos nuestro derecho al placer, que nos motejen cuando somos
madres solteras, que nos ridiculizen si nos equivocamos en un espacio público y un
largo etcétera que no me cabe en este espacio, pero que vivo en cada detalle
cotidiano de mi vida de mujeranga.
No hablo de los malditos hombres que nos hacen esto, sino de un sistema globalizado de creencias y dogmas que nos posiciona como sujetos subalternos. Un sistema que se mantiene en la práctica y decisión de muchos hombres y mujeres que cada día subrayan esta inequidad, y que para no morir del todo ha aceptado algunas modificaciones cosméticas que nunca -repito nunca- resuelven el problema de fondo.
No hablo de los malditos hombres que nos hacen esto, sino de un sistema globalizado de creencias y dogmas que nos posiciona como sujetos subalternos. Un sistema que se mantiene en la práctica y decisión de muchos hombres y mujeres que cada día subrayan esta inequidad, y que para no morir del todo ha aceptado algunas modificaciones cosméticas que nunca -repito nunca- resuelven el problema de fondo.
Mi trinchera es el
amor. Por amor estoy aprendiendo a vivir en complementariedad con todo mi
entorno, asumiendo que soy parte de un todo mayor, complejo y nutritivo, que
prodiga generosamente lo que necesito para vivir.
Amo profundamente a un
hombre que acepta estar en un proceso de crecimiento y con el que hemos
construido la relación que queremos, muy alejada de las consideraciones o
sanciones sociales, muy conectada con los procesos y momentos de una historia
común que ya tiene diez y ocho años de trayectoria. Una historia compartida en
las celebraciones y conflictos, en la complejidad de seguir entendiendo que no
somos una sola vida vivida, sino dos vidas que construyen un camino en el que
avanzar y crecer, con la oportunidad de seguir teniendo vuelos y búsquedas
propias, apoyadas y respetadas por el otr@. Años de vida común que también se van
haciendo en los bordes y límites, en la práctica activa de la tolerancia y el
cuidado mutuos.
Amo también a las
mujeres que me rodean, las reconozco como mis hermanas, las acompaño y apoyo en
sus devaneos y búsquedas, celebro sus concreciones y felicidades. No repito la
sanción social que cae sobre ellas –sobre mí también- ni las condeno. Estoy
aprendiendo a discrepar con ellas, sin utilizar argumentos que la sociedad
patriarcal ha institucionalizado como verdades dogmáticas… Y las encuentro
hermosas sin compararlas con la imagen que la publicidad nos ha construido para
la belleza femenina.
¡Soy mujer, hombre y
naturaleza! No me interesa dar con el modelo de rol asignado a mi vagina ni le
permito a nadie decirme hasta cuando debo jadear. Mi cuerpo y sensibilidad están
unidos a la energía profunda de la Tierra y el Universo.
Me reconozco un eslabón
de una cadena cósmicamente antigua, trenzada de intentos y seres
soñando/haciendo. Yo misma ensayo empeños en este tejido colectivo que está
hecho de mujeres y hombres maravillosos. Una nueva sociedad nos convoca a hacer
una transformación profunda sobre la valoración personal y sobre aquella que
hacemos de los otros, pero sobre todo nos llama a accionar de una manera
transformadora, en la que esta inequidad histórica -entre otras- deje de existir para siempre.
Un abrazo lleno de amor
y placer para tod@s aquellos que mueven y promueven el cambio por una sociedad
distinta, una nueva sociedad.
¡Salud!
martes, 2 de agosto de 2011
La indignación que prendió mi esperanza
Los indignados que acamparon en Sol fueron llenándose de nuevos contenidos a medida que pasaba el tiempo. Antiguos guerreros de batallas perdidas en la historia, se sumaron a ese gentío vociferante y despierto que gritaba por un cambio en la política, los políticos y la cultura que hasta ahora hemos sostenido. Much@s fueron llegando. Yo llegué a ese lugar gracias a las carreteras de alta velocidad que ofrece Internet. Llegué cada día ansiosa, creativa y alegre. Observé lo que esas personas reunidas allí fueron creando, la represión que sufrieron y el modo en que burlaron las más importantes herramientas de control social. Las manos alzadas con móbiles que captaban imágenes en video y luego las repartían al mundo, fueron los puntos a través de los cuales arribé en mis permanentes viajes. Me parece increíble lo que podemos lograr cuando nos comunicamos usando la tecnología.
Es tiempo de cambiar el modo de construir la sociedad. Necesitamos otro pacto que ponga una red tejida entre tod@s de valores que nos impulsen a vivir en armonía y equilibrio.
Por una revolución amorosa e irrevenrente que nos integre a todos los seres que habitamos el planeta!
domingo, 5 de junio de 2011
Huelga de amor
Hace tiempo que una idea ronda mi cabeza. Estoy repensando el amor como una de mis prácticas cotidianas favoritas y, por lo tanto, como un motor vital incontenible en mi vida.
Siempre me ha resultado muy fácil amar, enamorarme de las personas y del mundo que voy habitando; pero, es algo que aun no aprendo, no sé cuando me quieren bien, con respeto y cuidado.
Sé que es una declaración terrible, porque confesar que no sabes si te aman abre un flanco débil de uno mismo -es como ponerse un cartel que diga "juega con mis emociones, que no me entero de nada"- y porque el reconocimiento implica pasar por el dolor de constatar que te han dañado cuando amabas y lo permitiste.
A estas alturas no sé bien qué es más doloroso, si saber que te dejaste hacer daño o no haber aprendido a reconcer el amor que te tienen o no... Y es que me cuesta porque tiendo a creer sin distancia objetiva. Supongo que quien me ofrece su corazón lo hace en serio y que cuando me dicen que me quieren, pues les creo.
Una antigua amiga me dice que soy muy idealista y adolescente, que creo todo sin aplicar criterio de realidad a nada y que me reparto y comparto sin tomar ningún resguardo de cuidado conmigo.
Ella no es como yo. Es muy exitosa en su trabajo, autoexigente, competitiva, líder de equipo y muy rigurosa de sus conocimientos y tareas. Mide el compromiso con un toque de renuncia permanente, en cualquier caso que se presente. A mí en cambio, la vida me gusta sin esas horrorosas presiones de la competencia o de la demostración del valor que soy. Me gusta tomar el sol y acariciar a los que quiero, entregar el corazón aunque me lo muelan de vez en cuando. Sin embargo, el aprendizaje de poner límites y no permitir que abusen de mis sentimientos, pues no lo he hecho y creo que no es uno de los que haré dentro de los próximos días. Tengo la impresión de que mi amiga lo hizo a muy temprana edad, pero que le costó una tristeza griz - violeta que le subraya la mirada permanentemente.
Me pregunto, ¿por qué hay que poner límites y hacer declaraciones que comiencen con "no te permitiré" o algo por el estilo. Por qué es tan difícil fijarse en el otro y comportarse amante con él, cuidarlo de que mis decisiones no lo dejen atropellado y adolorido. Por qué cuesta tanto hablar sinceramente y decir "te dejé de amar" o "ya no amo de la misma forma". Por qué continuar la vida dejando que otra persona siga creyendo algo que no es o dejando que se invente lo que quiera. ¿A qué parte se va el amor cuando te olvidas de quien dices querer y lo atropellas? Uf! El amor es siempre complejo, como la vida misma, y siempre teñido de pasión. Quisiera declararme en rebeldía y dejar de amar un tiempo... algo así como una gran huelga que impida que mi corazón ame durante ese periodo. Por lo menos hasta que mi cabeza tenga las herramientas para controlar mis emociones y hormonas. Pero no puedo dejar de amar y quienes se aprovechan de mi amor, lo tienen muy claro.
Tampoco sé qué haría en el tiempo en que no esté amando, porque todas mis acciones, las más pequeñas y las más grandes, nacen de ese mismo lugar que llamo amor. Y, lo advierto, no es un lugar idílico, puesto que entiendo el amor con todos sus luces y sombras y estoy convencida que por ese todo complejo e irregular que es, es que me rechifla y motiva como lo hace.
Repensar el amor, sus expresividades y concreciones, es mi invitación permanente. Un coloquio que abrí hace años y que ahora necesito para envejecer con sabiduría.
Siempre me ha resultado muy fácil amar, enamorarme de las personas y del mundo que voy habitando; pero, es algo que aun no aprendo, no sé cuando me quieren bien, con respeto y cuidado.
Sé que es una declaración terrible, porque confesar que no sabes si te aman abre un flanco débil de uno mismo -es como ponerse un cartel que diga "juega con mis emociones, que no me entero de nada"- y porque el reconocimiento implica pasar por el dolor de constatar que te han dañado cuando amabas y lo permitiste.
A estas alturas no sé bien qué es más doloroso, si saber que te dejaste hacer daño o no haber aprendido a reconcer el amor que te tienen o no... Y es que me cuesta porque tiendo a creer sin distancia objetiva. Supongo que quien me ofrece su corazón lo hace en serio y que cuando me dicen que me quieren, pues les creo.
Una antigua amiga me dice que soy muy idealista y adolescente, que creo todo sin aplicar criterio de realidad a nada y que me reparto y comparto sin tomar ningún resguardo de cuidado conmigo.
Ella no es como yo. Es muy exitosa en su trabajo, autoexigente, competitiva, líder de equipo y muy rigurosa de sus conocimientos y tareas. Mide el compromiso con un toque de renuncia permanente, en cualquier caso que se presente. A mí en cambio, la vida me gusta sin esas horrorosas presiones de la competencia o de la demostración del valor que soy. Me gusta tomar el sol y acariciar a los que quiero, entregar el corazón aunque me lo muelan de vez en cuando. Sin embargo, el aprendizaje de poner límites y no permitir que abusen de mis sentimientos, pues no lo he hecho y creo que no es uno de los que haré dentro de los próximos días. Tengo la impresión de que mi amiga lo hizo a muy temprana edad, pero que le costó una tristeza griz - violeta que le subraya la mirada permanentemente.
Me pregunto, ¿por qué hay que poner límites y hacer declaraciones que comiencen con "no te permitiré" o algo por el estilo. Por qué es tan difícil fijarse en el otro y comportarse amante con él, cuidarlo de que mis decisiones no lo dejen atropellado y adolorido. Por qué cuesta tanto hablar sinceramente y decir "te dejé de amar" o "ya no amo de la misma forma". Por qué continuar la vida dejando que otra persona siga creyendo algo que no es o dejando que se invente lo que quiera. ¿A qué parte se va el amor cuando te olvidas de quien dices querer y lo atropellas? Uf! El amor es siempre complejo, como la vida misma, y siempre teñido de pasión. Quisiera declararme en rebeldía y dejar de amar un tiempo... algo así como una gran huelga que impida que mi corazón ame durante ese periodo. Por lo menos hasta que mi cabeza tenga las herramientas para controlar mis emociones y hormonas. Pero no puedo dejar de amar y quienes se aprovechan de mi amor, lo tienen muy claro.
Tampoco sé qué haría en el tiempo en que no esté amando, porque todas mis acciones, las más pequeñas y las más grandes, nacen de ese mismo lugar que llamo amor. Y, lo advierto, no es un lugar idílico, puesto que entiendo el amor con todos sus luces y sombras y estoy convencida que por ese todo complejo e irregular que es, es que me rechifla y motiva como lo hace.
Repensar el amor, sus expresividades y concreciones, es mi invitación permanente. Un coloquio que abrí hace años y que ahora necesito para envejecer con sabiduría.
viernes, 15 de abril de 2011
La indiferencia, el tiempo y la invisibilidad
Hoy es un día de esos en que no me siento el personaje alocado y divertido de las novelas largas que me gustan. Es uno de esos grupos de horas en que comienzas a pensar en el amor que tienes, en el que querías y en el que soñaste. Más grave aún... relexionas -en verdad, yo reflexiono- sobre aquellas cuestiones, promesas y acciones cotidianas que hacemos para cuidar el amor de alguien. Y todo va bien cuando el otro u otra ve lo que haces, lo valora y te devuelve sonrisas, caricias y arrumacos. Es muy guay, yo he sentido que mi corazón está a punto de estallar de felicidad. Hermosos momentos que ayudan un montón a vivir, sobre todo cuando te sientes mal, instantes grises por lo que atraviesa la vida. Sin embargo, otra cosa es cuando sientes que no importando lo que hagas ni las dimensiones de lo que haces, el otro u otra pasa olímpicamente de ti o se ha acostumbrado a ser cuidado y no ve lo que lo rodea. Esto último tiene tanta profundidad, como sordera y ceguera juntas. El tiempo confabula contra la frescura de los esfuerzos amorosos y, en medio de la intensidad de la emoción, la pulsión incontenible del amor cae en una pocita de tristeza. Recuerdo a mis amigas quejándose de los "hombres" que no bajan la tapa del baño ni tapan la pasta de dientes ni se dan cuenta del corte de pelo que se hicieron ni saben qué talla de pantalón o zapatos tienen. En medio de esas generalizaciones odiosas que no comparto, siempre me reí mucho porque no me había pasado... Pero como dice mi mamá, siempre hay una primera vez. Este año, cuando estoy en el límite de la cuarentena, mi vida está llena de situaciones como esas, pero no solo en el ámbito de la pareja, sino en todos los aspectos de la vida. Siempre hay alguien en el que confías o confiabas, alguien que quieres o querías, alguien en quien apuestas o apostabas esperanzas, que pasa de ti sin valorar los gestos de cuidado y sin saber lo que se resiente dentro. Lo que más me jode y al mismo tiempo me alucina, es que he tenido actitudes así también. Aunque me cargue que me lo hagan. Por más esfuerzo que haga en estar atenta y cuidar a los que amo. Creo que el tiempo también me aturde. Hoy es uno de esos grupos de horas en que siento la indiferencia, me duele ser tan invisible y me pongo a pensar cuántas veces yo generé esta emoción que siento en otros. Jodido... súper jodido. Parece ser que nada ni nadie escapa de esa fina capa de polvo de tiempo que oculta todas las cosas. En fin... otro día escribiré de aquellas ocasiones en que la indiferencia no me aplasta.
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